lunes, 26 de junio de 2017

Escribo esto para darme palmadas en el hombro. Para darme un consuelo, quizás. Para decirme “también vos, fresco”. Escribo esto para decirme que no todo está mal, que se falla pero es parte de la ruta. Escribo esto para pelear conmigo mismo, para ser ese lado que cree, que aún ve luz, que sabe que no todo está perdido. Ni siquiera uno mismo. Escribo esto como represalia a ese otro personaje que me habita y que se ha rendido. A ese que decidió ser el ateo de ese dios que que es él mismo. Escribo esto para no reprocharme si fallo, para pedir perdón por haberlo hecho, para no regañarme si he lastimado y en vez de señalarme, mostrar la herida y comprender el daño y aprender y corregir. Ya ese otro me dio palo, me dijo mediocre, inepto, ridículo y patético. Ya ese otro ha hurgado mucho en la herida y ha disfrutado el dolor. Ya lloré. Escribo esto para entender que defraudarse a uno mismo es posible, pero no es el final. Escribo esto con una mano buscando paz mientras la otra mano la muerde. Escribo esto para sanar las encías sangrantes de esa otra mano. Escribo esto porque si no me siento hoy al teclado seguramente dejaría que hablara el otro y ya estoy cansado de escuchar su rabia, sus palabras que arden. Escribo esto desde la orilla calma, desde el mar tranquilo, desde el viento que limpia y mientras escribo tiemblo y me sacudo. Escribo esto porque es doloroso, porque hay pasos que buscan la cuneta, porque uno se dobla pero no se quiebra. Escribo esto para parar en la ruta. Mirar el paisaje y buscar lo lindo así sea un chiquero lo que esté al frente. También vos, fresco.

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