miércoles, 29 de marzo de 2017

No toda soledad es abismo aunque quieras saltar. Fallo, nuevamente fallo. Pareciera que soy un ser que reparte desgracias, de estar en la casa del lado donde sucede eso de estar en el lugar correcto a la hora correcta. Estar ahí y mirar por la ventada y pensar que otra vez no fue. Un fiasco dirían unos. El cuerpo más liviano que el espíritu y eso que sentís que no podés moverte. Que duele pensar. No hay lágrimas que salen, solo pensamientos, ideas. Un abismo al frente. Ideas. Das vueltas y no te has movido un ápice. Sos un clavo mal clavado que ensucia la pared y te usan para colgar cualquier cosa menos el cuadro más valioso porque saben que no podrás con él. Vos sos capaz con ese cuadro y lo sabés pero nunca te pedirán que lleves ese peso. Te miran de reojo. Más temprano que tarde cederás o causarás un daño. Alguien que cruce cerca se lastimará pero nadie entenderá ni se preguntará por qué estás chueco, por qué quedaste así. A vos ya se te olvidó. Te volviste vos mismo un lugar olvidado por el que no quisieras transitar. Pesa todo: la oportunidad ida, la valentía que no llegó. No resultaste tan fuerte como creías, como pensaron de vos, como te dijeron. Ya lo crees. No te da el ánimo. Rasgas la camisa del que acaba de pasar. Lo hieres, ves su sangre. La cagaste otra vez. Otra y otra. No quería, no fue mi intención, pero lo hiciste. Y ahora te dicen que por eso la casa está chueca, porque el cuadro iría en esa pared pero vos no podés con él, como sí pudieron en otras partes. Lástima. Lástima, esa palabra que odias y que te sobrevuela como buitre. Te da asco porque la sentís propia, como si fuera tu apellido. Lástima, lastimas. ¿En qué momento pasó todo? Nada, no sabes, hay ideas sueltas pero no has podido organizar el reguero. El suelo está lleno de ideas que dejaron de volar. Se les acabó el impulso y aterrizaron de mala gana; algunas se despedazaron al caer, otras terminaron debajo de un reblujo que nadie ha recogido, otras pocas aún viven. Te miran como buscando en tus manos otro impulso. Impávido, lívido, te domina lo que no pudiste dominar y te amarra y se te ríe en la cara y te reta, pero no sos Rocky, ni Mr. T, ni Van Damme ni ninguno. Ya dejaste de brincar frente al televisor emulado a esos otros. Otra mentira para tu lista de mentiras: las que creaste y las que recibiste, que fueron tantas que las organizaste por temas, por años, por personas, por situaciones, por sentimientos, por sensaciones, por ciudades, por trabajos, por güevón, por solo, por ingenuo, por abstraído, por confiado, por iluso, por imaginativo, por demorarte en abrir los ojos. Fue tarde, hermano, muy tarde. Ya no te da. Sos una maraña de impulsos que para vos son todo y afuera no son nada. Mírate acá escribiendo otra vez con rabia porque dejaste de hacerlo cuando te asustaste ese día. Vive en vos algo, y ese algo se fue ahogando. Cae. Salta. Deja de sostenerse. Pierde la fuerza. Again and again y vas y vas acumulando esfuerzos vanos. Miras desde la pared y ha cambiado la casa y quisieras irte para esa esquina que nadie se detiene a detallar. Allá estarías bien, sin hacer daño, sin que te lo hagan o sin que te lo hagás, que se te volvió rutina. Ruina. Sos un clavo mal clavado. 

1 comentario:

  1. Hoy fui a tu casa, y no te ví y no me importó.
    Ahora por azares de la vida termino leyendo esto y es como si me lo hubieses escrito a mi.

    Escribí más.

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